receta de semana santa

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Mona de pascua para semana santa

Elaboración: 15 min
Cocción: 35 min
Listo en: 50 min
 
La Mona de pascua para semana santa, típico de semana santa.

Ingredientes

  • 70 gr de aceite de girasol
  • 100 gr de leche o zumo de naranja (o mitad y mitad)
  • 55gr de azúcar
  • esencia vainilla
  • 2 ch agua de azahar
  • Ralladura de una naranja
  • 1 huevo
  • 25 gr de levadura fresca
  • 375 gr de harina (250 gr de fuerza y 125 gr de normal)
    sal

Preparación

Ponemos el aceite, la leche o zumo, el agua de azahar y los azúcares. Programamos 2 minutos, 37º, vel.2
Ponemos la levadura y la disolvemos, unos segundos a velocidad 3.
Añadimos el huevo y la ralladura de naranja, mezclamos 10 segundos, vel. 3.
Incorporamos la harina y la sal. Programamos 2 minutos, vaso cerrado, velocidad espiga.

Con la espátula engrasada en aceite, sacamos la masa del vaso, estará pegajosa  y la dejamos sobre una superficie enharinada, damos unas vueltas a mano, así ya no se nos pegará y la podremos trabajar bien. Formamos una bola y la dejamos levar dentro de una ensaladera, tapada con film transparente, en un lugar cálido y sin corrientes de aire. Más de una hora, hasta que doble su volumen.

Sacamos la bola y le damos unas vueltas a la masa, para desgasificarla. Cortamos porciones de unos 120 gr máximo, damos forma de monas, como si hiciesemos roscones pequeñitos y colocamos un huevo cocido en el centro. Las colocamos sobre la bandeja de horno forrada con papel de hornear y dejamos que doblen su volumen de nuevo, esta vez será un poco más rápido, pero no hay que tener prisa, para que luego salgan bien esponjosas.
Precalentamos el horno, calor arriba y abajo 180º

Una vez estén listas para meter en el horno, antes las pincelaremos suavemente con huevo batido, pondremos anisetes de colores y pegotes de azúcar humedecido por encima. Las hornearemos durante unos 20 minutos o más, hasta verlas bien doraditas.

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Receta de porrusala

Receta de porrusalda

Historia:

Salvo en momentos de perentoria necesidad, es decir, cuando no tenía otra cosa que llevarse a la boca, hasta el hombre prehistórico seleccionaba lo que comía y es obvio que hoy en día la alimentación trasciende a la simple ceremonia de comer. A la hora de cocinar se persiguen diferentes propósitos e intervienen cuestiones temporales, de necesidad física o económica o el simple gusto. En la mayoría de ocasiones se apuesta por un plato sencillo o uno saludable o se busca uno económico y preferentemente, en todos los casos se pretende que además esté sabroso. Las combinaciones son diversas e incluso hay recetas que lo aglutinan todo.

En el País Vasco, desde incontables generaciones hacia atrás, se recurre todo el año aunque en mayor medida en invierno, a la porrusaldaun plato clásico, fácil, sano, barato y rico. La traducción literal sería caldo de puerros y es esa verdura la que domina el plato, pero tienen cabida otras hortalizas y admite también aderezos varios a gusto del consumidor. La porrusalda más típica, además del puerro cortado en trozos gruesos como base, se acompaña de zanahoria, ajo, cebolla, calabaza y patata.

Su presentación es similar a la de un estofado o un cocido en el sentido de que se trata de un caldo con tropezones grandes que se sirve caliente, normalmente como plato principal. En sus orígenes, se reducía al caldo de puerros al que, para darle consistencia, se le añadían unas patatas y para agregarle sabor se cocía con una raspa de pescado. En su evolución, ha ido admitiendo cada vez más ingredientes y en Euskadi, las porrusaldas más tradicionales se suelen acompañar con trozos de bacalao desmigado si se apuesta por el pescado y con pedazos de costilla de cerdo si se prefiere la carne.

Puerros

En el propio País Vasco admite distintas variantes como la porrupatata en ciertas zonas de Guipúzcoa en las que se incrementa la dosis de patata logrando un plato más consistente y menos caldoso. En otras regiones de España se enriquece el caldo de puerros con verduras añadiendo carrilleras en un plato que se asemeja al clásico guisado de ternera o, por ejemplo, en La Rioja se le añade una cabeza de merluza, en Cataluña se alegra con butifarra picada y en algunos locales que han buscado una mayor sofisticación, han aderezado el plato con salmón o con gambas.

Una de las grandes virtudes de la porrusala es su sencilla elaboración, dado que no hay más que cortar los puerros, las zanahorias y en su caso, la calabaza, picar la cebolla, pelar y trocear las patatas y los ajos y ponerlo todo en una olla a cocer durante aproximadamente media hora. Se puede elaborar bien con agua o bien con un caldo de verduras o de pollo preparado previamente. Si se quiere añadir el bacalao desalado y desmigado, basta con hacerlo en el último momento, dado que queda hecho en apenas unos segundos.

Obviando la del sabor, otra de las ventajas que presenta es su módico precio, dado que se puede calcular que la ración de un comensal saldría por menos de un euro. La facilidad para encontrar los ingredientes y la capacidad que ofrece de llenar unos buenos platos por poco dinero hizo que en muchos hogares humildes se recurriera varias veces a la semana a la porrusalda, que era una excelente solución para las familias numerosas.

En los tiempos difíciles de la posguerra fue un gran recurso y todavía se puede escuchar a personas que tienen ligada su infancia al olor y al sabor de la porrusalda  con la que combatían el hambre. Si un plato es sencillo, barato y está rico, ya es suficientemente interesante, pero si además es de lo más saludable, resulta absolutamente recomendable.  Junto a la cebolla y el ajo, el puerro forma en ese trío de alimentos que más protegen a las células frente a sus enemigos. Las virtudes de estas liliáceas se conocen desde tiempos inmemoriales y todavía los expertos de hoy en día las consideran como las mejores y más poderosas barreras naturales contra los trastornos cardiovasculares, las infecciones o el propio cáncer.

Porrusalda

Su origen habría que ubicarlo en Asia Central y consta que era bien conocido tanto en el antiguo Egipto como en la Grecia y la Roma de la época clásica. De hecho, se comenta que hace miles de años, los helenos utilizaban los puerros para combatir la esterilidad o que el filósofo Aristóteles así como el emperador romano Nerón  se los comían con el objetivo de aclarar la voz o solucionar problemas de garganta, pero sus propiedades son muchísimas más.

Además de ayudar a reducir el colesterol y regular la tensión arterial, son muy apropiados para las dietas hipocalóricas. En su composición predomina abrumadoramente el agua y es muy escaso su aporte en hidratos de carbono, por lo que es muy recomendado para la batalla contra los kilos. Además, su efecto diurético y laxante ayuda a depurar y aligerar el organismo al tiempo que su riqueza en fibra favorece la sensación de saciedad. Por si no fuera suficiente, el puerro también posee compuestos azufrados —metilaliína y cicloaliína— que le convierten en un antibiótico natural y junto a las vitaminas C y E, aporta polifenoles de gran valor preventivo a causa de su acción protectora antioxidante. Está indicado también para casos de artritis, reúma o gota y en definitiva, lo recomienda desde el nutricionista hasta el cardiólogo, pasando por el otorrinolaringólogo y el reumatólogo.

La porrusalda es por tanto poco menos que un plato lleno de bendiciones y basta con resumir lo que viene a suponer el consumo de 100 gramos de puerros. Aportan 26 calorías, el 50% de las necesidades diarias de vitamina C, el 17% de la vitamina E, el 14% de la vitamina B6, el 14% de selenio, el 11% de calcio y el 9% de hierro. El alimento saludable va muy bien para todas las edades, pero es muy interesante comenzar a introducirlo desde muy pronto en la dieta habitual de los más pequeños. En ocasiones, por la especial textura del puerro, resulta más complicado que los niños coman la porrusalda a gusto, pero pasada por el chino, se convierte en una crema de verduras exquisita que no pierde ninguna de sus incontables propiedades.

Elaboración: 15 min
Cocción: 35 min
Listo en: 50 min
 

Ingredientes :

  • 1 litro de agua o caldo de verduras 
  • 3 patatas grandes
  • 6 puerros 
  • 2 zanahorias 
  • Sal y pimienta 
  • 50 gr. de aceite de oliva 

Preparacion :

Picamos la cebolla en dados (Brunoise) y pochamos en una cazuela junto con aceite

Cortamos los puerros en trozos de unos 2 cm, pelamos las patatas chascándolas y las zanahorias en rodajas.

añadimos el caldo a las cebollas ya pochadas y añadimos toda la verdura ya cortada.

Salamos a nuestro gusto y echamos pimienta.

En el momento que empiece a hervir, dejaremos a fuego medio durante 20 minutos.

Ya podemos servir en un plato hondo.

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Buñuelos de viento rellenos de crema pastelera

Historia:

El origen del Buñuelos de viento rellenos de crema pastelera es incierto, para unos deriva de puñuelo, una especie de bolas que los romanos amasaban con los puños, otros creen que procede del francés beignet, que significa bulto, protuberancia. Es una pasta hecha a base de harina mezclada con leche, huevo y levadura que se fríe en abundante aceite. Los hay salados o dulces, de calabaza, de bacalao, de yuca Y buñuelos de viento que, una vez fritos, se rellenan de crema o de chocolate. En España se consumen especialmente durante el Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos.

Todo apunta a que el origen de la receta del Buñuelos de viento rellenos de crema pastelera es árabe. Se cree que surgieron en Almogía, un pueblo de Málaga, en el año 1090, cuando el rey sevillano Mohamed ben Abad Al Motamid cercó la fortaleza de la ciudad. Viendo que escaseaban tanto la comida como la leña que usaban para los hornos, un panadero llamado Abdelaziz ben Drisi el Jabazún hizo recuento de vituallas y decidió preparar unas tortitas de masa de agua y harina; luego las subió a lo alto del castillo y las metió en los calderos de aceite hirviendo que se usaban para arrojarlos a los asaltantes. Así surgieron los buñuelos de viento.

Buñuelos de viento rellenos de crema pastelera

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Receta de icorton Plato: Carnaval, Menú infantilCocina: Postres carnavalDificultad: Medio
Raciones

4

raciones
Tiempo de preparación

30

minutos
Tiempo de cocinado

20

minutos
Calorías

462

kcal

Ingredientes

  • 50 g de mantequilla

  • 4 huevos.

  • 250 ml de agua

  • 150 ml de leche entera.

  • 5 gr sal

  • 150 gr de harina de trigo

  • 10 gr de levadura Royal

  • La ralladura de 1/2 naranja

  • 1/2 l de aceite de girasol para freir

  • Para decorar: Azúcar y canela en polvo (al gusto)

  • Para la crema pastelera:
    Ver la receta Aquí.

Paso

  • Cogemos la naranja la lavamos y la rallamos en un platito
  • En un bol tamizamos la harina junto con la levadura royal
  • Ponemos en un cazo al fuego a media fuerza con el agua, la leche, la mantequilla, la ralladura de naranja y la sal, removiendo con unas varillas.
  • En el momento que empiece a hervir retiramos y echamos toda la harina junta, y ponemos en el fuego de nuevo.
  • Seguimos removiendo en este caso ayudándonos con un cucharon de madera, ya que la masa se pondrá consistente y habrá que hacer un poco de fuerza.
  • Cuando estén todos los ingredientes bien integrados, y tengamos una masa lisa y sin grumos, la sacamos del fuego.
  • Si vemos que aun tiene grumos, no os preocupéis, con el calor van a ir desapareciendo.
    El punto en el que sabremos que la tenemos ya, es cuando se nos despegue de las paredes del cazo, y se nos quede una bola seca.
  • Ahora fuera del fuego vamos añadiendo los huevos uno a uno. Hasta que no tengamos el primero bien integrado no añadiremos el siguiente. Y así con todos.
  • No os asustéis si veis que parece que se corta la masa, en cuanto el huevo este integrado, volverá a quedarse compacta la masa.
  • Para freir los buñuelos de viento rellenos de crema pastelera.
  • A fuego medio ponemos el aceite en una sartén con aceite de oliva (es mas barato el de girasol, pero a mi me gusta mas el sabor que deja el de oliva, eso si que sea suave, sino le daría demasiado sabor)
  • Con dos cucharas vamos a ir formando bolas y cuando el aceite este caliente iremos echándolos a freir.
  • Cuando tengan un suave color dorado, los sacamos y los ponemos encima de papel secante y aun estando calientes, los pasamos por una mezcla de azúcar y canela (como si los rebozáramos)
  • Y los dejamos enfriar .

Los dejamos enfriar, y con ayuda de una manga pastelera, los rellenamos con la crema pastelera que tenemos ya echa y fría, y a DISFRUTAR ¡¡¡